Las dietas y sus falsos mitos

Las dietas y sus falsos mitos

Mantener una alimentación balanceada es un reto para muchas personas hoy en día debido al estilo de vida ajetreado, el estrés, la falta de tiempo para dedicar a la cocina, entre otras cosas que dificultan mantener una buena figura.

Sin embargo hay una serie de alimentos que han estado mal visto por los nutricionistas por el supuesto daño que estos nos causan en la salud, especialmente que afectan el peso corporal, pero te diremos porque estos alimentos no son tan dañinos para tu organismo.

  • El pan engorda

Es una de las creencias más extendidas y uno de los sacrificios más habituales de quienes quieren mantener su peso a raya. Sin embargo, eliminarlo de la dieta no está justificado.

Primero, porque la energía que aporta, 258 calorías por cien gramos, es muy razonable. Segundo, porque los expertos han establecido que una alimentación sana y equilibrada requiere que la mitad de las calorías consumidas provenga de los hidratos de carbono. El pan ha de formar parte de nuestra alimentación diaria, en tercer lugar, porque no hay un alimento en concreto que sea el responsable del aumento de peso: lo que engorda es consumir a lo largo del día más calorías de las que gastamos. Eso sí, hay que ser moderados con esas otras “cosas” que suelen acompañar al pan: salsas, mantequilla, mermelada, embutidos.

  • El pan blanco engorda más que el integral

Los cereales integrales se diferencian de los refinados en que tienen un mayor contenido de fibra y minerales, pero su valor energético es prácticamente el mismo. “La diferencia es tan ridícula que nadie debería tomarla en consideración: mientras el pan blanco proporciona por término medio 258 calorías por cada 100 gramos, el integral aporta 229”, escribe Antonio Ortí en Comer o no comer. Si los expertos en nutrición recomiendan consumir alimentos integrales (pan, pasta, arroz, entre otros) es porque aportan más nutrientes, minerales y vitaminas. Además, la fibra es saciante y puede ayudar en el control del peso porque evita comer más cantidad de otros alimentos. También regula el tránsito intestinal y evita los picos glucémicos.

  • El pan tostado es el que menos calorías aporta

En muchas dietas de adelgazamiento recomiendan sustituir el pan normal por biscotes. El motivo no es que engorde menos; el pan es pan y tiene los mismos nutrientes y calorías, aunque haya pasado por el horno. Pero tomándolo de esta forma es más fácil controlar la cantidad que se consume y, además, al tener una textura más consistente, obliga a masticar durante más tiempo, lo que proporciona una mayor sensación de saciedad. Tampoco es cierto que la miga engorde más que la corteza. Hay quien la retira pensando que se está deshaciendo de la parte más calórica, pero nada de eso. Corteza y miga se hacen con la misma mezcla de harina, agua y levadura, pero la segunda tiene más agua que la corteza, de ahí su textura.

  • Mezclar carbohidratos y proteínas es nocivo

Definitivamente, no. Esa es la teoría en la que se basan las dietas “disociadas”, pero sus argumentos no tienen base científica. Defienden que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí mismos ni por las calorías que aportan, sino al consumirse según determinadas combinaciones. Estas dietas consisten en no mezclar en la misma comida alimentos ricos en carbohidratos los cereales, pasta, patatas, pan) con alimentos proteicos como, la carne, el pescado,  los huevos, porque el organismo no digiere bien esa combinación de productos y, en consecuencia, engordamos.

  • Los carbohidratos hay que evitarlos por la noche

“No hay que tomar hidratos más allá de las seis de la tarde”, se dice, como si esa máxima resumiera el secreto de un cuerpo esbelto. Este mito viene de antiguo, cuando se pensaba que al ser los carbohidratos una fuente de energía (glucógeno) y al ser la cena es la última comida del día, esa energía no se usaría y, por lo tanto se acumularía en forma de grasa. Pero el gasto energético durante el sueño no es muy diferente a la tasa metabólica basal durante el día, como señala un estudio del European Journal of Clinical Nutrition. Al parecer, durante la primera mitad del sueño la tasa metabólica basal se reduce un 35% pero crece durante la segunda mitad, haciendo que del metabolismo durante el sueño y la vigilia sean casi iguales.

  • Todas las grasas son malas

No todas. Y algunas de ellas deben estar en tu dieta diaria aunque estés a régimen. Dicho de otra manera, las grasas buenas existen: son las llamadas “grasas insaturadas”, que se encuentran en abundancia en los pescados azules ricos en Omega 3, en frutos secos, legumbres, aceite de girasol (rico en Omega 6), aceite de oliva (rico en Omega 9), aceitunas, aguacates… Aportan 9 kcal por gramo, igual que las grasas malas, pero son imprescindibles para mantener niveles saludables de vitaminas liposolubles como la D, E, K y la A. Para prevenir desde enfermedades metabólicas, a patologías cardiovasculares y hasta la obesidad, la OMS establece que las grasas supongan entre el 15-30% de la ingesta calórica diaria. Lo óptimo sería que la mayor parte fueran buenas y reducir al máximo las malas, sobre todo las trans (nunca más del 1%).

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